No a la estafa de Guendulain
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No a la estafa de Guendulain
Os dejo un blog en el que podeis firmar un manifiesto contra el pago por parte del Gobierno de Navarra de 90000 euricos de nada de nuestros impuestos, a las saguijuelas de promotores que compraron los terrenos de Guendulain, sin saber, y por lo tanto arriesgando su dinero, que allí iba la 2º población más grande de Navarra.
¿Nadie se ha planteado que allí hubo utilización de información privilegiada? Señores letrados ¿eso no constituye delito?
http://www.comerosvuestrainversion.blogspot.com/
Y una anécdota que me llama la atención. Los nombres tan ecologistas y tan bonitos que se ponen este tipo de empresas: en Guendulain Desarrollo Sostenible, S.L. y en Sarría Saltos del Arga, S.L.
Pero ya entiendo el nombre. Desarrollo. Ellos desarrollan su fortuna sin tener en cuenta a nadie excepto a ellos. Sostenible. Cuando las cosas les van más piden a todo el mundo que arrime el hombro para sostener el desarrollo que obtuvieron con nuestro dinero.
¿Nadie se ha planteado que allí hubo utilización de información privilegiada? Señores letrados ¿eso no constituye delito?
http://www.comerosvuestrainversion.blogspot.com/
Y una anécdota que me llama la atención. Los nombres tan ecologistas y tan bonitos que se ponen este tipo de empresas: en Guendulain Desarrollo Sostenible, S.L. y en Sarría Saltos del Arga, S.L.
Pero ya entiendo el nombre. Desarrollo. Ellos desarrollan su fortuna sin tener en cuenta a nadie excepto a ellos. Sostenible. Cuando las cosas les van más piden a todo el mundo que arrime el hombro para sostener el desarrollo que obtuvieron con nuestro dinero.
Dani- GAZTE LANGILE

- Mensajes: 19
Fecha de inscripción: 22/08/2008
Carta a Miguel Sanz
Excelentísimo señor don Miguel Sanz Sesma, presidente del Gobierno de Navarra:
Por la presente le comunico que tengo previsto asistir a la final del campeonato de mano parejas, con dinero prestado por amigos y familiares.
Mi intención es cumplir con toda la parafernalia propia de estas grandes citas de la pelota. Así las cosas, acudiré a la ciudad donde se dispute la final -previsiblemente, San Sebastián- de par de mañana, para poder echar el vermú con calma en las más animadas tabernas, comer opíparamente en un buen restaurante -de al menos una estrella Michelin- y beber pausadamente un cuba libre, o quizás dos, en una elegante terraza.
Me personaré en las inmediaciones del frontón con la suficiente antelación como para poder disfrutar del ambiente previo a la final, charlar con amigos y conocidos y ocupar sin prisas mi localidad. Tengo pensado que sea de las mejores: de cancha, centrada, un poco por encima de los artekaris para que no me dificulten la visión del partido, pero a la vez cerca de ellos para poder apostar con comodidad.
El objetivo de mi excursión -amén de pegarme el lujazo de disfrutar in situ y a todo lujo del espectacular ambiente pelotazale de una gran final- es ése: apostar. Emplearé ingentes cantidades de ese dinero prestado por amigos y familiares para adoptar posturas diametralmente opuestas a la opinión de la cátedra. Esto es, apostaré dinerales a favor de quienes se prevean perdedores, en los momentos en los que los favoritos demuestren la mayor superioridad y los corredores canten las posturas más desproporcionadas.
Evidentemente, es una apuesta de alto riesgo. Si gano, perfecto: devolveré el dinero sin problemas y seré rico. Un negocio redondo. Ahora bien, si pierdo, solicito que su Gobierno se haga cargo de todos los gastos, ya que de otra manera no podré devolver el préstamo a amigos y familiares. Supongo que atenderá mi petición sin objeción alguna, habida cuenta de que con los constructores que se embarcaron en la arriesgada apuesta de Guenduláin va a hacer exactamente lo mismo. Esperando que al recibo de la presente se encuentre usted bien de salud, me despido atentamente.
agur
Por la presente le comunico que tengo previsto asistir a la final del campeonato de mano parejas, con dinero prestado por amigos y familiares.
Mi intención es cumplir con toda la parafernalia propia de estas grandes citas de la pelota. Así las cosas, acudiré a la ciudad donde se dispute la final -previsiblemente, San Sebastián- de par de mañana, para poder echar el vermú con calma en las más animadas tabernas, comer opíparamente en un buen restaurante -de al menos una estrella Michelin- y beber pausadamente un cuba libre, o quizás dos, en una elegante terraza.
Me personaré en las inmediaciones del frontón con la suficiente antelación como para poder disfrutar del ambiente previo a la final, charlar con amigos y conocidos y ocupar sin prisas mi localidad. Tengo pensado que sea de las mejores: de cancha, centrada, un poco por encima de los artekaris para que no me dificulten la visión del partido, pero a la vez cerca de ellos para poder apostar con comodidad.
El objetivo de mi excursión -amén de pegarme el lujazo de disfrutar in situ y a todo lujo del espectacular ambiente pelotazale de una gran final- es ése: apostar. Emplearé ingentes cantidades de ese dinero prestado por amigos y familiares para adoptar posturas diametralmente opuestas a la opinión de la cátedra. Esto es, apostaré dinerales a favor de quienes se prevean perdedores, en los momentos en los que los favoritos demuestren la mayor superioridad y los corredores canten las posturas más desproporcionadas.
Evidentemente, es una apuesta de alto riesgo. Si gano, perfecto: devolveré el dinero sin problemas y seré rico. Un negocio redondo. Ahora bien, si pierdo, solicito que su Gobierno se haga cargo de todos los gastos, ya que de otra manera no podré devolver el préstamo a amigos y familiares. Supongo que atenderá mi petición sin objeción alguna, habida cuenta de que con los constructores que se embarcaron en la arriesgada apuesta de Guenduláin va a hacer exactamente lo mismo. Esperando que al recibo de la presente se encuentre usted bien de salud, me despido atentamente.
agur
Dani- GAZTE LANGILE

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